Este estudio comparte el interés que suscitan los discursos y prácticas sexuales no normativos. No pretende llegar a conclusiones, sino reflexionar sobre la subjetividad más allá de los binarismos y las relaciones de poder que atraviesan la sociedad y, por tanto, las prácticas de salud mental. Intenta facilitar intervenciones no opresivas ni excluyentes, a la vez que procura construir discursos clínicos despojados de nociones arcaicas como las de «enfermedad» o «desviación». El presente ensayo aspira, en definitiva, a liberar nuestra teoría de antiguos prejuicios. Pretende deshacerse de los viejos conceptos que en la actualidad enturbian el acompañamiento de las nuevas sexualidades y optar por una epistemología distinta, que no alimente las exclusiones y discriminaciones de los tiempos precedentes. Pertenecemos a un tiempo de cambios que, por la magnitud de sus mudanzas, quizá los historiadores del futuro observarán con la misma curiosidad con que hoy se estudia la transformación de la cultura romana durante los primeros siglos del cristianismo. Ambas épocas marcan un giro sorprendente en nuestra mentalidad. Aquella, por la incorporación del discurso de la caridad y el amor al prójimo, unido a una interiorización creciente de la conciencia. La nuestra, porque debe adaptarse a una insurrección desconocida que, en palabras de Gayle Rubin, «libera a la personalidad humana del chaleco de fuerza del género»
