En septiembre de 1926 Freud publica un libro intitulado La pregunta por el análisis profano, buscando despertar un sentimiento analítico común frente a una serie de ataques de la corporación médica. La tesis que allí defiende podría resumirse de la siguiente manera: volverse una especialidad médica o terapéutica es el gran riesgo del psicoanálisis; por ello, el lugar de los legos, de los profanos, de los laicos del psicoanálisis, es vital para el psicoanálisis mismo.
Este ensayo breve y decidido, Psicoanálisis profano, aun, retoma esa polémica bajo una luz actual: ¿la reducción del psicoanálisis a una variante de la psicología o la psicoterapia no es acaso la forma que adquiere hoy esa fatal confusión tan temida por Freud? ¿Se defiende el psicoanálisis asimilándolo a otros discursos, o más bien radicalizando su lado profano, subrayando su especificidad, asumiendo su diferencia?
En una época dominada por diagnósticos rápidos, protocolos, imágenes cerebrales y máquinas hablantes, este libro invita a detenerse y a pensar: ¿qué queda del psicoanálisis cuando se diluye su especificidad? ¿Qué implica, hoy, sostener su carácter profano?
No se encontrarán aquí respuestas tranquilizadoras, sino más bien, una invitación a repensar la especificidad de una praxis que, como ya advertía el libro de 1926, pertenece a «otro universo, con otros fenómenos y leyes»
